tratando de hacer crecer los muñones

Tras otra concentración de cincuenta personas donde debería haber dos mil, después de otra manifestación de ocho mil ciudadanos y ciudadanas donde debería haber trescientas mil, alguien dice nuevamente: “poco a poco…” Pero no: la clase de agresión social y económica que estamos sufriendo –reforma laboral, paro masivo, bajadas salariales, destrucción de la enseñanza, degradación de la sanidad pública, amnistía fiscal, subida brutal del IVA, el pozo sin fondo de los rescates bancarios…– no cuadra con una estrategia de lenta acumulación de fuerzas. Si no conseguimos articular una respuesta contundente en semanas, en meses, luego será demasiado tarde –durante decenios, y quizá para siempre.

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En el salón de actos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAM, en Cantoblanco, Ramón Grosfóguel nos llama briosamente a descolonizar la izquierda. Ay, se duele uno con cierta melancolía. ¿Cómo se peina a un calvo? Ojalá que hubiera en mi país una izquierda a la que se pudiera descolonizar. Quiero decir, ojalá que existieran potentes partidos de izquierda, sindicatos de izquierda, organizaciones culturales de izquierda, asociaciones profesionales de izquierda, masivos grupos de base de cristianos de izquierda, hegemónicas sororidades de feministas de izquierda –ojalá existiera todo eso en vez de nuestro paisaje de muñones, nuestro teatro de sombras, nuestra cofradía de muñecotes espectrales que llevan treinta años retrocediendo mientras creían que avanzaban. Con qué gusto descolonizaríamos entonces, guiados por los sabios criterios de los profesores de Berkeley… Hoy nuestra tarea es por desgracia mucho más humilde. Tratamos de hacer crecer los muñones. Aplicamos crecepelo sobre la brillante calva.

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Un amigo, estudioso y militante, me escribe con una aportación que me place reproducir aquí:

pantera en las distancias cortas, hormiga en las distancias largas
 
«He leído con atención las publicaciones de tu blog de los últimos días, en relación con el 25S y otras movilizaciones… Me han impactado bastante, creo que tienes razón en mucho de lo que dices, sobre la maldición que nos pesa, el hacer crecer muñones.
 
Quería compartir contigo, sin embargo, un par de anécdotas, que pueden servir de termómetro, por incidir en la esperanza un poco. Seguramente sean impresiones ingenuas. 
 
a) Es cierto que a nivel de movilización clásica, en la universidad por ejemplo, el panorama es desolador… y más dada la urgencia de parar lo que viene encima. Yo mismo cuando me acerqué a curiosear a la asamblea del pasado martes en la esquina de la Plaza de España me descorazoné muchísimo…  la verdad es que no tengo mucha perspectiva para evaluar, porque nunca he militado en el ámbito de la universidad, me siento un poco ajeno a ella, pero sin duda comprobé que la relación de fuerzas es abrumadoramente desfavorable para nosotros. No sé como terminó la asamblea, me fui pronto, porque habíamos quedado con la gente de Móstoles y porque, extraño a la lucha universitaria, me sentía perdido.
 
Sin embargo, cuando llegamos al punto de encuentro de la gente de Móstoles, me di cuenta de que allí había mucha gente que podía estar militando en el ámbito universitario (pues son estudiantes, o incluso investigadores) pero no lo hacen porque se sienten bastante ajenos, como me pasa a mí. Somos sintomáticos. Más allá de cuestiones subjetivas, sería interesante entender esto a nivel de sociología de la lucha, de porque hay ciertos ámbitos en los que la revuelta desfallece y otros en los que florece.
 
Porque el caso es que, en algunos terrenos, florece. Yo en doce años de militancia anticapitalista nunca había visto algo, con la gente de mi entorno, como lo del 25S. Personas de todas las edades y de todos los guetos políticos, juntas, con una actitud de resistencia y conflictividad muy madura, urdidas en el sustrato de un trabajo de base cotidiano que no te imaginas el salto cualitativo que está dando.
 
b) En relación con eso último. En Móstoles estamos a punto de inaugurar un local de usos múltiples autogestionado, que servirá de base de acción de una diversidad de colectivos anticapitalistas y también de plataforma para el desarrollo de muchos proyectos de autoempleo y economía social y solidaria. En esencia es continuar con el local que ya tenemos, pero en un espacio de dos plantas y 250 metros cuadrados que va a dar un juego enorme. Hemos conseguido involucrar casi a un centenar de socios. Hace cinco años algo así era impensable. Te cuento esto para decir que a nivel de militancia de barrio, estos últimos 3-4 años (antes incluso del 15M) están suponiendo una auténtica primavera, un proceso muy fértil, casi arrebatador.
 
Hay una urgencia objetiva. Pero conociendo un poco el tempo natural de los procesos históricos, y haciendo una analogía tonta por ejemplo con el proceso bolivariano, aún no hemos llegado todavía al caracazo. Y un proceso como el bolivariano todavía está a años luz de algo que pueda hacer frente a la crisis socio-ambiental. Pero creo que ni siquiera esto es lo importante.
 
Yo creo que la transformación social post-capitalista no puede ser muy distinta a como fue la transformación social en cualquier otra gran época de cambio. Como el paso del feudalismo al capitalismo. Se deberá de dar en los intersticios de la estructura social vigente y siempre mediante la emergencia de nuevas formas de reproducción social en todos los órdenes, desde la producción hasta los valores. Esto exige, sospecho, un cambio en los mitos movilizadores. Quizá, aunque no sé bien como se hace eso, abandonar la idea de la gran tarde… Lo que implica aceptar también que se dará un montón de dolor y padecimientos que quizá fueran suprimibles con una hipotética acción más tajantes.. y que nuestro margen de maniobra (pensando en la crisis socio-ambiental) se va a ver drásticamente reducido… pero no veo otra forma de incidir. 
 
Tengo una frase en una canción donde lo intento resumir: como una pantera en las distancias cortas y como una hormiga en las distancias largas. Lo importante es saber ajustar las marchas. Dices que el poco a poco ya no nos sirve. Yo creo que el poco a poco es indispensable a una cierta escala, mientras que a otra necesitamos esas explosiones de las que hablas. Creo que nuestra impotencia a veces, se deriva, de confundir ambas marchas.»
 
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No es exactamente que el «poco a poco» ya no sirva, querido amigo, sino que el nivel de pérdidas y de sufrimiento que va a seguirse de no haber sido capaces de aprovechar las últimas «ventanas de oportunidad» para atajar la crisis ecosocial dejará atrás, probablemente, todo lo que la humanidad ha conocido en el pasado…  Y eso duele demasiado.
 
Y por cierto: ¡también la asamblea del 15-M de Chamberí acaba de ocupar un espacio donde se organizará un nuevo centro social autogestionado, LA MORADA! ¡Ánimo, compañeras!