tres dimensiones del milagro

Dicen que un proverbio chino dice: el milagro no estriba en volar por el aire o en andar sobre las aguas, sino en caminar por la tierra.

El milagro usual de la belleza, el sólito milagro del amor, el acostumbrado milagro de la comunidad: las tres dimensiones de la vida humana –a las que yo añadiría la bendición/ maldición del conocimiento— donde podemos salvarnos. “Salvarnos” en sentido laico quiere decir: vivir significativamente en un mundo que, como tal, carece de sentido intrínseco; y ser capaces de vivir mirando de frente este abismo (la falta de un sentido intrínseco de las cosas), sin inventarnos consuelos fraudulentos (como, por ejemplo, esos superhéroes con superpoderes a los que llamamos ángeles o dioses).

Podemos recordar aquí cómo el filósofo de Cambridge G.E. Moore escribió en sus Principia Ethica que “lo más valioso que conocemos o podemos imaginar son determinados estados de conciencia que pueden describirse en líneas generales como los placeres de las relaciones humanas y el disfrute de los objetos bellos.”