«Vivimos ya en un mundo desconocido», escribe Santi Alba Rico en Público. Y aporta, como resumen telegráfico de 2025: el genocidio de Gaza, el alineamiento geopolítico de EEUU con Rusia y China, el suicidio de Europa, el fin de la democracia como modelo y como deseo, la amnesia con respecto a la destrucción ecológica y la revolución cognitiva de la Inteligencia Artificial. Más «un séptimo asociado a los anteriores, como su corolario y su contexto: el regreso del fascismo». (1)
Se puede añadir todavía a este resumen: la extinción de la mariposa capuchina en la isla de Tenerife. (2) (Quedaría ya sólo otra población aislada en La Palma.)
Éste es, en efecto, el mundo desconocido y desolador donde nos encontramos ahora. El texto de Santi termina así: «En estos días, a punto de comenzar el año 2026 con más frío dentro que fuera del cuerpo, pienso en mi queridísima amiga Yayo Herrero, quien me decía la semana pasada que en la izquierda menuda teníamos que seguir el consejo de Aznar (‘el que pueda hacer que haga’) pero en la dirección opuesta: para preservar las instituciones, aunque no sean las que queremos, y para hacer nuevos compañeros, aunque no hayan leído a Gramsci. La única tentación que debemos evitar es la del derrotismo. Así que propongo contra mí mismo esta fórmula como propósito para el año nuevo: no quedarnos a solas ni siquiera para pensar.»
Es un buen propósito de año nuevo. En este mundo que se deshace, que se descompone, que se desmorona, ¿celebrar un feliz año nuevo? Sólo si estamos dispuestos a oponer una verdadera resistencia contra las fuerzas que deshacen, descomponen, desmoronan el mundo. Un año nuevo de Eros contra la deriva tanática que no deja de intensificarse. Feliz 2026, si podemos iniciarlo en esos términos.
(1) «Durante algunos años hemos insistido en las diferencias entre la sociedad actual y el período de entreguerras del siglo pasado y hemos probado distintas fórmulas alternativas (neofascismo, destropopulismo, fascismo 2.0, etc.). Este año de 2025, ya moribundo, ha sido aquel en el que todos los demócratas, de una filiación u otra, hemos acabado por aceptar que la historia no solo rima sino que realmente se repite. Hitler está muerto y no va a resucitar; Trump tiene el pelo de color naranja y no ha leído un libro en su vida. Pero es el mismo fascismo el que ha vuelto en un mundo distinto, ahora repleto de armas nucleares, erosionado por el cambio climático y colonizado por nuevas tecnologías mucho más potentes que la radio y la televisión. Su chasis, sin embargo, es el mismo: desprecio ostentoso de la democracia, reivindicación bravucona de la violencia y señalamiento potencialmente eugenésico de las minorías. (…) ¿Por qué vuelve el fascismo? Como consecuencia del neoliberalismo. Como consecuencia de la hipocresía europea. Como consecuencia de las tecnologías de la información. Como consecuencia del elitismo de la izquierda. Como consecuencia de las distopías programadas en Silicon Valley. Como consecuencia de la desigualdad social. Como consecuencia de la disolución de los vínculos colectivos. Como consecuencia del miedo al colapso ecológico. En realidad no sabemos qué ha pasado, qué está pasando, salvo que la confluencia de todos estos factores, políticos y económicos, ha desprendido una cualidad inconmensurable, trasladada al pensamiento y a la conducta, que ninguna medida concreta puede ya desactivar. No me fío en absoluto de los predicadores de izquierdas que aseguran saber qué tecla hay que apretar para desconectar del fascismo a las mayorías sociales (¡la vivienda! ¡el anti-imperialismo! ¡leyes progresistas!). No es una tecla sino un piano o, mejor dicho, el órgano gigantesco de una catedral; habrá que tocar muchas teclas y a muchas manos, pero sin hacernos demasiadas ilusiones. No sólo vivimos ya en un mundo desconocido. Estamos pensando y obrando dentro de un mundo desconocido. Y en él la izquierda oscila sin parar entre dos tentaciones: la del cero y la de la repetición. Las dos son inútiles.» Santiago Alba Rico, «Un mundo desconocido», Público, 29 de diciembre de 2025; https://www.publico.es/opinion/columnas/mundo-desconocido.html
(2) Verónica Pavés, «Dos años sin rastro de la mariposa capuchina en Tenerife, la única en peligro de extinción de Canarias. Los expertos temen que esta especie endémica pueda haberse extinguido tras la grave sequía que la isla sufrió en 2023», El Día, 8 de noviembre de 2025; https://www.eldia.es/sociedad/2025/11/08/anos-rastro-mariposa-capuchina-tenerife-123502609.html