una entrevista de paco puche (realizada por salvador lópez arnal), en dos entregas, sobre la economía del abrazo, el bacteriocentrismo y otras cuestiones

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=171201

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Un fragmento: «Distingo entre el optimismo, el pesimismo, la espera y la esperanza. La espera es la posición fatalista y determinista de la historia. En el mejor de los casos me siento a la puerta de mi casa a ver pasar el cadáver de mi enemigo (en la dialéctica marxista clásica, este cadáver era el capitalismo). Nada que hacer. El optimismo y el pesimismo es una posición de hybris, de desmesura: sabemos todo lo que nos va a deparar el futuro, como si fuésemos dioses. Esto conlleva dos “pecados”: el de creernos ser el dios que hemos construido y adjudicarnos todas las potencias esféricas de ese ser clarividente; y el de creer que la única lógica posible es la de la extrapolación lineal, olvidando que muchas veces sucede lo inesperado (“lo consiguieron porque cuando lo afrontaron no sabían que era imposible”). Nos queda la esperanza, es decir creer que existe la incertidumbre y en esos resquicios podemos luchar porque el mundo vaya a mejor. Es el viejo asunto del libre albedrío. Creo que tenemos margen. Tengo esperanza, mucha más si entiendo que la vida tiende a mantener en su ser y que existió un pasado social mucho más brillante que el actual. Diría con Berger que: “Nombrar lo intolerable es en sí mismo la esperanza. Cuando algo se considera intolerable ha de hacerse algo. La acción está sujeta a todas las vicisitudes de la vida. Pero la pura esperanza reside en primer término, en forma misteriosa, en la capacidad de nombrar lo intolerable como tal: y esta capacidad viene de lejos, del pasado y del futuro. Esta es la razón de que la política y el coraje sean inevitables”.»