una nota sobre valor intrínseco y ecosocialismo

Leo los valiosos textos de Eduardo Gudynas sobre el giro biocéntrico que supuso la Constitución ecuatoriana de 2008, la importancia de reconocer derechos a la Naturaleza/ Pachamama, y el destacado papel que debe desempeñar la noción de valor intrínseco (de los ecosistemas y los seres vivos no humanos) para la ecología política… Joel Kovel dice rotundamente: “el valor intrínseco de la naturaleza es el rasgo que diferencia al ecosocialismo de los socialismos de los siglos XIX y XX”[1]. Pero ¿no estará esta discusión un poco desenfocada? Lo sugiero no porque yo no piense que hemos de ir más allá del antropocentrismo moral, estaría bueno (lo he argumentado en libros como Un mundo vulnerable, Todos los animales somos hermanos e Interdependientes y ecodependientes). Sino porque es un error pensar que la moral del capitalismo sea antropocéntrica. El capitalismo quiere dejar al anthropos detrás lo antes posible: lo ve como un grave obstáculo para la valorización del valor (lo he tratado de argumentar en mi Gente que no quiere viajar a Marte). La moral capitalista no es antropocéntrica, es capitalocéntrica. El capitalismo no sólo es biocida: también es misantrópico. Pero si hacemos caso a Joel Kovel, se diría que no podría haber entonces un ecosocialismo antropocéntrico… Reparemos en lo siguiente: bastaría con incluir de verdad los intereses de las generaciones humanas futuras en nuestras deliberaciones y decisiones para lograr un nivel de protección ambiental incompatible con el capitalismo y los procesos de acumulación capitalista. No cerremos demasiado pronto la puerta de acceso al club del ecosocialismo, o mucho mejor: de los ecosocialismos y ecofeminismos.

 



[1] Joel Kovel, “El ecosocialismo como un proceso humano”, ponencia en el seminario internacional “Crisis civilizatoria, ecosocialismo y buen vivir”, Quito, 10 al 12 de junio de 2013.