una reseña de ‘ecoespiritualidad para laicos’, por ana muñoz

[Publicado en Heraldo de Aragón, 3 de agosto de 2025]

Ecoespiritualidad

Defiende Jorge Riechmann la existencia de una «ecoespiritualidad para laicos», una ecoespiritualidad terrenal e inmanente que es urgente reivindicar y practicar. No se trata «simplemente» de seguir sin sucumbir al fin de «este» mundo, aunque algún día sucumbamos, sino de esquivar la angustia a través del descentramiento del ego y de la conexión con todo (y con el Todo). Cuando ser realista y pesimista se convierten en afluentes de un mismo río, y crisis concéntricas nos ahogan, deberíamos apostar por una «alegría sin autoengaño» o, en palabras de Terry Eagleton, una «esperanza sin optimismo». Sería un deber moral, independientemente del irremediable fracaso.

En definitiva, esa forma de esperanza tendría tres bases: asunción de la tragedia, resistencia y autoconstrucción, y cuatro puntos cardinales: arraigo, conexión, pertenencia y sentido. La cuestión es que, aunque eso de «conectar», como seres sociales (e hipertecnologizados), pueda sonarnos medio bien, no estamos dispuestos a asumir el reto, descomunal, del descentramiento del ego. No queremos ni oír hablar de la «renuncia voluntaria» y la autolimitación. Y menos en verano: en la playa, en la montaña o en la ciudad. Y con las redes sociales parpadeando. En efecto, nos resistimos a entender, siquiera a experimentar, que la alegría más auténtica esté en priorizar la calidad a la cantidad y en la Naturaleza antes que en los objetos. Que existe una infinita belleza y una abundancia sin restricciones en la consideración hacia Ella. Que no habría vida más lúcida, digna y amorosa para quienes habitamos este planeta, todavía hoy.