¿y a esto lo llaman progreso?

A comienzos del siglo XXI, buena parte de las promesas e ilusiones tecnológicas se encarnan en conceptos como “Era Digital” y “Sociedad del Conocimiento”. Las promesas del Big Data (los conjuntos de sistemas que permiten el análisis de gigantescos conjuntos de datos digitales) parecen no tener fin: mediante el análisis de billones de búsquedas en Internet se nos asegura que se pueden detectar brotes de gripe (Google Flu Trends los rastrearía haciendo un seguimiento de las búsquedas informáticas relacionadas con la infección viral), el análisis sistemático de millones de llamadas telefónicas permitiría anticiparse a un ataque terrorista… Pero ¿esa gigantesca potencia de cálculo equivale de verdad a inteligencia y discernimiento?

“Los programas para evaluar a los estudiantes mediante el Big Data dependen de variables como la longitud de las oraciones y la complejidad de las palabras. En vez de aprender a escribir bien, los alumnos escriben frases largas y utilizan palabras poco claras para obtener puntuaciones más altas.”[1]

Toda tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia, decía el bueno de Arthur C. Clarke. Y toda racionalidad instrumental embebecida en sueños tecnolátricos, ensoberbecida en inconscientes ilusiones de control, es indistinguible de la mera estupidez.



[1] Tom Brady, “¿Y a esto lo llaman progreso?”, selecciones de The New York Times en El País, 8 de mayo de 2014.